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Alemania o EE.UU., ¿dónde se vive mejor?

Felipe Nascimento

Hacer cualquier tipo de comparación s arriesgado, pues es muy difícil analizar todas las variables, lo que acaba invalidando los paralelos trazados. Comparar la vida en Alemania y en los EE.UU. no sale de la regla. No estamos hablando en comparar Hamburgo con Miami, pero sí de regiones con condiciones climáticas y socioeconómicas semejantes, como Frankfurt y Boston. Alguien dirá: “¿a usted le parece, la región de Frankfurt semejante a la de Boston? ¡Nunca!” Pero, después de haber vivido en estas dos regiones es imposible no ceder a la tentación de establecer comparaciones e, incluso sabiendo de los riesgos y de las fallas que se cometerán, me atrevo a buscar las diferencias, ventajas y desventajas de vivir en cada una de estas dos regiones.

Datos oficiales muestran que 27% de la población de Frankfurt está compuesta por extranjeros. En la región de Boston, existen muchos extranjeros, pero nadie sabe el número correcto, pues la mayoría está ilegal en el país, no aparece en las estadísticas. Una vez que existen tantos extranjeros en estas dos regiones, ellas deben ser atractivas, ¿verdad? Y si tuviera que escoger, ¿adónde usted iría?

En Alemania las personas se relacionan con los extraños, y hasta con los conocidos no muy íntimos, llamándolos de señor/señora (Sie), lo que hace las relaciones más formales. En los EE.UU. todos se llaman de tú (you), independiente de la edad, del grado de intimidad o del cargo que la otra persona ocupa.

Cuando hay opción, algunas personas optan por vivir en Europa por su diversidad cultural. Es también verdad que viajando pocas horas en automóvil usted ya estará en otro país, despertará con otro idioma, arquitectura característica y diferentes costumbres. En los EE.UU. usted tendrá que viajar una semana para atravesar el país, y aunque encuentre McDonald’s, Holiday Inn y otras redes nacionales, por todo los lugares por donde pase, y todos hablando la misma lengua, va a pasar por montañas, planicies, áreas fértiles, desiertos, frío, calor y constatar las diferencias regionales. Mientras que en Alemania son pocas las personas que nunca salieron del país, en los EE.UU. son pocos los que ya salieron del país. Ellos justifican diciendo: tenemos todo aquí, el país es tan grande, ¿por qué tenemos que ir a lugares donde no entendemos el idioma, donde no les gustamos?

Si comparamos los períodos de vacación, veremos que los alemanes suelen utilizar 30 días útiles de vacación, lo que representa cerca de 40 días al año. Los americanos sacan dos semanas corridas, y dicen que más que eso es “boring” (muy chato). El trabajo y el descanso realmente tienen sentidos diferentes en estos dos países, pues mientras los alemanes luchan para reducir la jornada de trabajo a 35 horas semanales, aún es grande el número de “workaholic” (personas empecinadas en trabajar) en los EE.UU.

Los alemanes procuran evitar la repetición de los errores del pasado, y cualquier actitud nacionalista luego se la asocia al nazismo. Los jóvenes poseen una visión más internacionalista, son más abiertos a la convivencia con culturas diferentes. Los estudiantes aprovechan las vacaciones para viajar a lugares exóticos, realizar prácticas en países del tercer mundo, etc. Ya en los EE.UU., es prácticamente imposible encontrar una calle donde no se vea una bandera americana izada en una casa, o en la antena de un carro, o algún adhesivo diciendo “orgullo de ser americano”. Al nacionalismo se lo cultiva desde los primeros años escolares.

Curioso es que, a pesar de la mayor abertura a las diferentes culturas, Alemania mantiene la “ley de la sangre” para ofrecer la ciudadanía alemana, o sea, los hijos de extranjeros nacidos en Alemania continúan siendo extranjeros. Los EUA utilizan la llamada “ley del suelo”, donde todo niño nacido en suelo americano es considerado un americano. Esto hace que existan muchos “niños americanos” hijos de “padres ilegales” en el país.

La forma de ver y de resolver los problemas difiere bastante de un país a otro. Un desempleado alemán seguramente culpará al Estado (gobierno) por no haber creado un puesto de trabajo para él. Al desempleado americano se lo ve como a un perdedor, alguien que no posee la calificación necesaria para obtener o crear un puesto de trabajo. Lo mismo ocurre con la participación de las comunidades. Aunque existan muchas iniciativas comunitarias en Alemania, las personas siempre culpan al Estado de no estar haciendo su parte. En los EE.UU., la comunidad asume como su responsabilidad la de resolver los problemas locales. Los padres administran escuelas, trabajan como guardias de tránsito para proteger a los niños en el camino a la escuela, eligen al comisario de su ciudad, etc.

Analizando el sistema de salud y seguridad social, se nota que los alemanes no se preocupan con la vejez, pues confían que el Estado se responsabilizará por ellos. Cuando se enferman, el sistema de salud garantiza el tratamiento y los remedios. Los americanos pasan buena parte de la vida haciendo un plan para garantizar su vejez. Incluso teniendo un plan de salud, enfermedad en los EE.UU. significa gasto.

¿Y el sistema educacional? La enseñanza básica y media es gratuita en ambos países, pero mientras que las universidades alemanas son públicas y gratuitas, la mayoría de las universidades americanas son privadas y muy caras. También las universidades públicas en los EE.UU. cobran tarifas significativas, lo que lleva a los alumnos a recurrir a financiaciones bancarias para pagar los estudios.

En Alemania el espacio es pequeño y todo está hecho “para durar”. La conciencia ambiental lleva a las personas a usar los recursos de forma racional. La abundancia de recursos y de espacio hace que para los americanos sea prioritario lo más fácil, lo más barato. La conciencia ambiental viene creciendo, pero en muchas regiones aún predomina la cultura del descarte. Diferentemente de los alemanes, el consumidor americano posee la ventaja de saber cuánto paga de impuesto al comprar un producto, pues los valores referentes a impuestos y tasas se cobran por separado. Esto lleva a las personas a exigir de los gobernantes una mejor aplicación de los recursos recaudados con impuestos y tasas.

En fin, existen muchas diferencias entre estos dos países y entre estas dos regiones. Quien pasa por Frankfurt en el verano verá personas sentadas en las plazas bebiendo cerveza, y podrá comprar cigarrillos en una máquina en cualquier esquina. Pero si pasa por Boston, para comprar una cerveza o una botella de vino, tendrá que ir a una tienda especializada y saldrá de allá con la botella dentro de un saco de papel pardo que no identifica ni la tienda, para que nadie note que está transportando bebida alcohólica. Es prohibido el consumo de bebidas alcohólicas en lugares públicos. Cigarrillos pueden ser vendidos en supermercados y farmacias para personas mayores de 18 años, que van a un área reservada, donde las cajas de cigarrillos están escondidas. En la compra, los consumidores deben presentar un documento de identidad. Fumar en restaurantes y en lugares públicos en Boston ya es cosa del pasado, acabaron los tales “reservados para fumadores”.

Y entonces, ¿dónde es mejor vivir, en Alemania o en los EE.UU.? Mi respuesta es: “depende de lo que es más importante para usted” Vivir algún tiempo en otros países, viajar por el mundo, conocer otras culturas, todo eso son experiencias enriquecedoras, pero, en mi opinión, aunque la globalización sea apenas comercial, el mejor lugar del mundo para vivir aún es la tierra natal de cada uno, ¡donde están nuestras raíces y no nos sentimos extranjeros!

Traducido por Traduzca